Solo el empecinamiento de Chiquito González por manejar el balón hasta el último minuto le devolvió al Salaíto algún rasgo de equipo digno, aún vencido. Nada más que eso. El partido que terminó goleando 3 a 0 San Miguel, casi con baile, para Argentino fue un perfecto plano inclinado.
El Salaíto empezó proponiendo un partido de igual a igual y se armó un juego en el que casi todo era roses en mitad de cancha, con muy pocas llegadas netas sobre los arcos. Pero aún así, el equipo de Barrio Sarmiento logró concretar un par de aproximaciones a través de Villagra, incluso llegó a dominar el balón. San Miguel, en esta etapa del partido, era todo desconcierto.
Pero las batallas futboleras del ascenso tienen sus tiempos, sus etapas. El partido daría un giro total para la segunda parte. Además, el árbitro Gabriel Morandi, cumplió con el manual del discreto saca partidos: se dejo apremiar con la atmósfera local y de a poco fue acorralando a Argentino en su propio campo. Como será que, si pegar mas que el local, el equipo rosarino cosechó cinco tarjetas amarillas, en cambio San miguel solo dos y motivadas por el loco festejo de los autores del segundo y tercer tanto.
Cuando moría la primera parte, todo argentino protesto una clara falta sobre Cattaneo, a quien bajaron cuando progresaba a mitad de cancha. De ahí llego un pelotazo largo que pesco chao en posición de diez y desde afuera del área convirtió un golazo sobre el arquero muslera, ingreso sobre el segundo palo. Así, San Miguel encontró el triunfo parcial que por entonces no merecía.
En el segundo tiempo Straccia mandó a Basualdo a posición de ocho, saco al lateral izquierdo (Romero), jugando Cattaneo en posición de tres y Villagra paso a la izquierda. Parecía que el Salaíto recuperaba la iniciativa, pero fue espejismo. El propio Basualdo desperdició la única clara de los rosarinos en ese tramo: cabeceó de pique al suelo pero el arquero local mando la pelota al córner.
Sobre el cuarto de hora, San Miguel empezó a mostrar con claridad que podía liquidarlo. Con el ingreso de Delgado, todo el juego comenzó a rondar en el arco de Muslera. Argentino vio que su ánimo se quebraba y su chance de empatar quedaba trunca. Así sucedió cuando Scarnato metió un cabezazo junto al palo para concretar el 2 a 0 del partido liquidado.
Es que argentino solo mantuvo la honorable actitud de Chiquito González, quien no se entregó nunca entrego nunca. Pero este argumento futbolístico fue insuficiente para que los rosarinos lograran cambiar una historia que ya estaba escrita.
Encima, en el minuto final Delgado cerró el partido con un golazo de tiro libre, que se filtro a espalda de Muslera, en su palo más lejano. Fue 3 a 0 y fiesta de San Miguel, que dejó a Argentino con las manos vacías en el cierre del año.
Fuente: Rodolfo Montes, La Capital
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